Del derecho a la justicia – Jacques Derrida (II)

Brendan Monroe – Nebula (Olympus)

Continúo con mi comentario del texto de Jacques Derrida Del derecho a la justicia. En esta parte se empieza a delinear la diferencia entre la justicia y el derecho, entendido este último como right. El derecho (right) es la justicia dentro del ámbito de la ley, pero para llegar a ello es necesario apelar a la fuerza desde el primer instante.

Para sustentar esta idea Derrida se servirá de los Pensamientos de Blaise Pascal[1]. Esto le permitirá rescatar la noción del fundamento místico de la autoridad (que también encuentra en Michel de Montaigne) con la que cuestionará las bases de la ley y el derecho, resaltando el valor constituyente del acto de fe en la autoridad y la violencia performativa-interpretativa que (re)funda el discurso jurídico.

Mi primer comentario al texto de Derrida se encuentra acá y una cita amplia de Pascal sobre el fundamento místico de la autoridad está en este post. Las citas de Derrida pueden encontrarse aquí.

***

Brendan Monroe – Stand-in

Pascal no cree en la posibilidad de una justicia universal[2], como una verdad inherente a la ley de cualquier pueblo, sin importar su lugar geográfico o su historia. Si bien pudo haber existido una justicia natural, esta ha sido corrompida constantemente por la razón humana. Así, al no existir una externalidad desde la que se pueda medir la justicia de la ley, cada pueblo de acuerdo a sus características particulares, a sus costumbres, determinará su ordenamiento jurídico. ”Como la moda hace al adorno, así hace la justicia”[3], dirá Pascal; y también: “Las únicas reglas universales son las del país en las cosas ordinarias, y la multitud en las otras”[4].

Entonces la pregunta de rigor sería: ¿qué es lo que hace justa a una ley? Aquí Derrida se sirve del famoso pensamiento de Pascal sobre la justicia y la fuerza:

“Es justo que se siga lo que es justo; es necesario que se siga lo que es más fuerte. La justicia sin la fuerza es impotente; la fuerza sin la justicia es tiránica. La justicia sin la fuerza es contradicha, porque hay siempre malos; la fuerza sin la justicia es acusada. Es menester, por lo tanto, juntar siempre la justicia y la fuerza; y para eso hacer que lo que es justo sea fuerte, lo que es fuerte sea justo.”[5]

Si bien es justo seguir lo justo, que se siga lo más fuerte se torna necesario, pues incluso lo justo, sin fuerza, caería en la impotencia y sería inútil. Para Pascal la justicia no se realizaría como tal si no tuviera la fuerza para no ser contradicha, por lo que necesariamente debe ser enforced. De este modo, ambas, la justicia y la fuerza, se hacen imperativas en su simultaneidad, pero sin que sea difícil notar que el fundamento sería la fuerza. En el sentido del derecho (right) una justicia impotente no es justicia.

Derrida señala que esta fuerza del derecho es, sobre todo, performativa. Para fundamentar su posición seguirá una noción que Pascal toma de Montaigne:

“[…] uno dice que la esencia de la justicia es la autoridad del legislador; el otro, la comodidad del soberano; el otro, la costumbre presente, y es el más seguro: nada, según la sola razón, es justo en sí; todo vacila con el tiempo. La costumbre hace toda la equidad, por la sola razón que ha sido recibida; es el fundamento místico de la autoridad. Quien la reduce a su principio la anula.”[6]

Lo que Montaigne dice es:

“Ahora bien, las leyes mantienen su crédito no porque sean justas sino porque son leyes. Es el fundamento místico de su autoridad, no tienen otro […]. El que las obedece porque son justas no las obedece justamente por lo que debe obedecerlas.”[7]

Y Pascal complementa:

“[…] el que las obedece porque son justas obedece a la justicia que él imagina, pero no a la esencia de la ley: ésta se halla toda recopilada en sí; ella es ley y nada más.”[8]

¿A qué se refieren estos autores con el fundamento místico de la autoridad? En primer lugar, introducen una distinción, un clivaje, entre la justicia y la ley. Las leyes no son justas per se, no son obedecidas porque evidencien justicia, sino porque tienen autoridad. Al no existir una perspectiva independiente, “objetiva”, de la justicia desde la cual juzgar lo justo de la ley o sobre la cual fundamentarla, toda su autoridad termina residiendo en el “crédito” que se le reconozca. Tal es precisamente su fundamento místico, pues ese reconocimiento no es más que la creencia del pueblo en la autoridad de la ley. Por lo tanto, el derecho se fundamentaría en un acto de fe.

Pascal dirá:

“No pudiendo hacer que lo que es justo sea fuerte, se ha hecho que lo que es fuerte sea justo.”[9]

Esta frase no debe entenderse en el sentido que cuando falta la justicia es necesario hacer justa la fuerza, sino que la fuerza siempre hace existir lo justo.

Brendan Monroe – Divide

Para Derrida en el movimiento pascaliano de anudar la fuerza y la justicia se pueden hallar las premisas de una crítica moderna de la ideología jurídica, la cual revela los intereses económicos y políticos que como fuerza dominante reproducen el discurso hegemónico de lo legal, ejerciendo su justicia. Así, Derrida dirá que una crítica de la ideología jurídica no puede olvidar que:

“El surgimiento mismo de la justicia y del derecho, el momento instituyente, fundador y justificador del derecho implica una fuerza performativa[10], es decir, implica siempre una fuerza interpretativa y una llamada a la creencia: esta vez no en el sentido de que el derecho estaría al servicio de la fuerza, como un instrumento dócil, servil y por tanto exterior del poder dominante, sino en el sentido de que el derecho tendría una relación más interna y compleja con lo que se llama fuerza, poder o violencia.”

Esta relación “más interna y compleja” no supone que la justicia como derecho (right) esté al servicio de una fuerza (política, económica, etc.) que existiría fuera o antes que ella y que la determinaría a priori. Su complejidad radica en el hecho que tanto la operación de fundación de la ley como su mantenimiento consisten en un golpe de fuerza, en una violencia performativa e interpretativa que actualiza simultáneamente la fuerza de la autoridad y su derecho (right) en el hacer la ley. Es en la fundación y en el enforcement de la ley donde se actualizan en acto las fuerzas –políticas, económicas, legales, etc.– de la autoridad, y esta violencia performativa en sí misma no sería ni legal ni ilegal, pues su acto interpretador la ubica al margen de cualquier derecho previo que podría garantizarla, contradecirla o invalidarla.

Resumiendo, el fundamento místico de la autoridad sería, para Pascal y Montaigne, la creencia en la autoridad y el reconocimiento de la ley por ser la ley, más no por reflejar de mejor manera una idea de justicia universal que sería externa a ella. Derrida, por su parte, suplementa este fundamento místico con el poder performativo del acto, que actualizaría la fuerza de la autoridad y el derecho en la operación de fundación y en el enforcement de la ley. Esta violencia performativa-interpretativa sería el borde interno del discurso legal y la raíz de su justicia.


[1] Pascal, Blaise. Pensamientos, Madrid, SARPE, 1984. Esta edición utiliza la numeración de Chevalier.

[2] Por lo menos una no-divina.

[3] Idem. Pag. 93.

[4] Idem.

[5] Idem. Pag. 101–102.

[6] Idem. Pag. 91.

[7] Citado en: Jacques Derrida, Del derecho a la justicia.

[8] Pascal, op. cit., Pag. 91.

[9] Idem. Pag. 102.

[10] Derrida utiliza la palabra performativité que es traducida como “realizativo”; sin embargo, prefiero la potencia del significante “performativo”, por lo que me tomo la licencia de traducirlo de este modo.

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