¿Habla el psicoanalista? – Comentario a Daniel Sacilotto

Pieter Schoolwerth – Portrait of “Joseph Explaining His Dreams” with Grapes (after Strozzi)

En su blog Being’s Poem Daniel Sacilotto ha publicado Can Psychoanalysis Speak About? The Cunning of Knowing, un ensayo que tiene como objetivo clarificar la manera en que el psicoanálisis lacaniano se apropia y desafía a la filosofía, así como revelar el fracaso del psicoanálisis en su intento por articular lo Real y el orden lingüístico del significante. Como resultado el psicoanálisis fallaría en su posibilidad de constituirse como una teoría, pues sus planteamientos suponen la imposibilidad de acceder a lo real por la teoría, anulando sus posibilidades de existencia.

Como todo lo que escribe Daniel, el texto es denso pero riguroso. Es fácil notar que hay un estudio serio detrás del desarrollo de su argumento y la construcción que hace de los conceptos lacanianos es ejemplar. Definitivamente un texto tan extenso y con tantas nociones interactuando da para mucho más que lo que intento hacer acá. De todos modos, me pareció necesario hacer un comentario sobre aquello que hizo eco en mí. En un principio pensé dejarle un comentario en su blog, pero se alargó demasiado así que he terminado por postearlo acá.

***

Pieter Schoolwerth – The actor

“Queda para el futuro decidir si la teoría contiene más delirio del que yo quisiera, o el delirio, más verdad de lo que otros hallan hoy creíble.”

Sigmund Freud

El texto de Daniel me hace pensar en el sufrimiento. Especialmente pienso en el sufrimiento de Lacan en el último año de su seminario donde, ensimismado en sus nudos y en sus elucubraciones topológicas, había abandonado casi por completo la palabra y se empeñaba en dibujar en la pizarra sus figuraciones de lo real, disculpándose constantemente por sus errores. Eran los meses del recrudecimiento de su enfermedad, estaba demacrado y en su pensamiento quedaban pocas huellas de su lucidez. El sentido común diría que, dado lo avanzado de su mal, Lacan ya no era capaz de formular las abstracciones que lo caracterizaban: el cuerpo le jugó la más real de sus malas pasadas.

Por mi parte, siempre he pensado esta época de su vida de otra manera. Se me ocurre que entendía la paradoja en la que él mismo se había metido. Había superado su imaginarización de la libido, había abandonado su estructuralismo dogmático, había superado su ética del deseo puro, había hecho suyo la lógica del matema y había intentado formalizar con ella los espacios que yacían más allá de los límites del fantasma de Sigmund Freud: el lugar del padre y el deseo de la mujer.

Este trabajo duro y progresivo por cercar lo real de la experiencia analítica, reconfigurando sus ideas cada vez, lo llevó al punto sin retorno donde la palabra resultaba inútil para hablar, para nombrar, para pensar. Siempre he pensado que su reflexión sobre lo Real lo llevó a substraerse de la palabra, empujándolo cada vez más a la topología y los nudos como medios de explicación. De cierta forma terminó encarnando la relación imposible entre lo Simbólico y lo Real que su enseñanza había demarcado, silenciándola. Imposibilidad e impotencia frente a lo que más se desea y se ama, ¿existirá un peor sufrimiento? Creo, lacaniano al fin, que mi deseo hace de Lacan un héroe trágico y me gusta así.

Sin embargo, es posible que esto no sea una pura ideación de mi fantasma y que Daniel tenga razón. Efectivamente la praxis psicoanalítica pone al analista en un dilema constante entre el recurso al saber y a lo Simbólico –a fin de poder conceptualizar su práctica- y el tratamiento de lo Real imposible –donde se inscribe efectivamente el sufrimiento-. Pienso que la pregunta fundamental de todo analista debe ser: ¿cómo interpretar lo Real en análisis? Esta pregunta condensa los tres registros lacanianos, suponiendo la puesta en práctica y el intento de superación de la relación imposible que la teoría señala, entre lo Simbólico y lo Real. Quizá por eso una de las primeros “tips” que aprende un psicoanalista es que la interpretación vale por lo que produce, es decir, solo es tal por sus consecuencias efectivas, pues funciona retroactivamente. No hay manera certera de predecir el acceso a lo Real desde lo Simbólico, pero aún así no hay ausencia de contacto. La relación es menos asintótica que contingente, en el sentido en el que la define Lacan en Aún: lo contingente es aquello que cesa de no escribirse[1]. Además, esta pregunta tendrá que ser preguntada cada vez y nuevamente, pues no hay un saber que se establezca en su respuesta que sea otro que la necesidad de lo contingente.

Entonces, creo que las intuiciones de Daniel son fundamentales para la formación analítica, pero no son necesariamente un impasse insalvable, pues en la clínica se trata justamente de lidiar con esa paradoja día a día, paciente a paciente. La eficacia del dispositivo analítico se sustenta en el tratamiento de esa paradoja y en la invención singular de su superación momentánea.

Hasta ahí con esto.

Pieter Schoolwerth – Portrait of “Still Life” (after Cotan)

Ahora, tengo algunas dudas sobre el argumento que me gustaría plantear. En primer lugar, me sorprende mucho que Daniel se sirva del deseo como eje central de su reflexión y, sin embargo, no haga ni una sola mención a la sexualidad. Eso sí es algo inédito. Y es que el abordaje de la sexualidad, la libido y la pulsión llevarán a Lacan a la teorización sobre el goce, que será el concepto fundamental de la última parte de su enseñanza.

Entiendo que quizá a primera vista la sexualidad no parezca un campo demasiado fecundo para sustentar una crítica a la ontología lacaniana tal como la desarrolla Daniel. Probablemente un cuerpo gozante sea algo demasiado “óntico”; no lo sé.  En todo caso creo que una presunción de este tipo estaría equivocada. Si existe un concepto esencial para estudiar la ontología de Lacan no es el deseo sino el Falo, pues este funciona como el punto límite y articulador entre lo Real del cuerpo sexuado y el universo Simbólico, significando el deseo del Otro. El deseo como tal es solo la mitad del camino, aunque marca bien la ruta.

He visto que entre las referencias bibliográficas de Daniel está el Seminario XX Aun por lo que intuyo que debe estar familiarizado con la fórmulas de la sexuación que se desarrollan en ese curso. En tales fórmulas, el elemento diferenciador de la posición masculina y la femenina es la relación con el Falo, la cual permite luego diseminar los demás conceptos en función de esta relación fundamental. Así, la posición masculina se caracterizaría por una relación totalizante bajo la sustracción de un “al menos uno” mítico que goza Todo (que porta el Falo), dejando a los demás en la castración perpetua. Esta posición facilita la fantasía inconsciente de posesión del Falo que moviliza el deseo, la fantasía del Amo que desea poseer la totalidad, desea saberlo todo, tenerlo todo o, en el mejor de los casos y siendo más realistas, desea tenerlo más grande que los demás.

Jacques Lacan – Fórmulas de la sexuación

También sé que Daniel ha escrito hace no mucho una reseña sobre The Democracy of Objects de Levi Bryant, por lo que debe conocer su crítica a la filosofía a partir de las posiciones sexuadas de Lacan. Además, Levi Bryant tiene varios posts donde aborda el tema. En uno de ellos acuña el neologismo “phallusophy”[2] para referirse a la filosofía que responde a la lógica masculina y su relación con la totalidad. Allí sostiene que:

This fantasy that animates phallusophy would be one of the reasons philosophy endlessly tends towards idealism. Already, in the beginning, we witness Parmenides declaring that thought and being are identical (a claim that will later be repeated by Hegel and Badiou). If the phallusopher is so eager to claim the identity of thought and being, to declare the conceptuality of being, then this would be because such an identity would guarantee the mastery of all being and our ability to have and know being in advance without having to take detours through the world, sensation, and materiality.

Bryant señala con claridad que la ruta alternativa sería a través del mundo, de las sensaciones, de la materialidad y, por su puesto, está pensando en la mujer. La posición femenina, a diferencia de la masculina, supondría la diseminación de la singularidad ante la inexistencia de un “al menos uno” que porta el Falo. A partir de esta lógica, Bryant desarrollará la idea de una ontología anarquista, como una ontología que trata la trascendentalidad, las ideas absolutas, las esencias a-históricas como ilusiones, como fantasías, centrando su reflexión en la diseminación de la inmanencia sin un elemento fálico articulador. Bryant dirá:

If woman (what I call the “queer”) becomes so anathema to the phallusopher, then it is because she is a perpetual reminder that the truth of the discourse of the master is $, the divided subject, or that the self-possessed subject, the transparent subject, the master, and the sovereign is always a sham, imposter, illusion by virtue of being mediated by all these things that have been excluded by phallusophy.

Esta ruta que propone Bryant me parece muy interesante, pues comprende que la actitud crítica de Lacan se orientaba hacia la filosofía que asumía la posición masculina y no, como puede parecer, a toda la filosofía[3]. Como bien señala Daniel, Lacan tuvo una ontología, pero esta no llegó a formularse con claridad hasta que estuvo resuelto el tema del deseo femenino y su relación con el Falo paterno. Lamentablemente, a los pocos años de plantear estas ideas lo real y la enfermedad boicotearon su recorrido.

Finalmente, creo que las intuiciones de Daniel señalan un punto que es crucial en la experiencia del analista y con el que se tiene que lidiar cotidianamente en la praxis. La paradójica relación entre lo Real y lo Simbólico se reproduce día a día en el dispositivo analítico, en el tratamiento del goce del síntoma por la interpretación del psicoanalista, y la formación radica justamente en la posibilidad contigente de lograr un anudamiento temporal. Por otro lado, considero que su conclusión sobre la ontología de Jacques Lacan se queda corta, pues el recurso al deseo como herramienta de análisis no termina por capturar aún la relación entre la palabra y el cuerpo sexuado. Hay que seguir sufriendo con Lacan.


[1] Siendo lo imposible de lo Real aquello “que no cesa de no escribirse” la contingencia adquiere una valencia importante en la articulación de los tres registros.

[2] Falosofía.

[3] Los que han escuchado hablar a los lacanianos saben que les gusta exagerar sus negaciones o inexistencias para luego, pasado el escándalo de su audiencia, mesurar sus dichos con una explicación rebuscada y críptica (por ejemplo: “La mujer no existe” o “No hay relación sexual”). Ese estilo lo aprendimos de Lacan.

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Un pensamiento en “¿Habla el psicoanalista? – Comentario a Daniel Sacilotto

  1. el árbol de la vida dice:

    Estimado Javier
    Escuchando a marco Aurelio denegri describir el “amor” como algo mecánico (el cuidado de la prole), que tan importante es para nuestra “especie” este fenómeno llamado “amor” del que se habla mucho y se conoce poco realmente? quizás este “amor” es lo que nos diferencia de otros animales. muchos creen que es algo “metafísico” otros un simple mecanismo de supervivencia, pero, que es realmente?

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