La Tierra es plana – Bruno Latour sobre el debate actor/sistema

Hieronymus Bosch - El juicio final

Hieronymus Bosch – El juicio final

Reensamblar lo social. Una introducción a la teoría del actor-red (Manantial, 2005) de Bruno Latour es uno de los libros más interesantes que he leído en los últimos años. La experiencia de leerlo es similar a cuando leí a Nietzsche, a Lacan o a Badiou por primera vez: mientras más avanzo en su lectura mayor es la demolición de mis presupuestos teóricos. Latour es un autor que piensa la realidad exactamente al contrario de la manera en que yo he aprendido a pensarla y el ejercicio de comprender sus argumentos me obliga a abandonar las zonas seguras desde las que acostumbro reflexionar sobre lo social. Una experiencia refrescante por donde se la mire.

Como aún no acabo el libro creo que sería una licencia excesiva hacer una presentación sistemática de sus ideas. Sin embargo, hay un planteamiento que me ha impactado mucho y me gustaría compartirlo. En él Latour desarrolla una crítica al uso de las grandes categorías de las ciencias sociales (sociedad, cultura, historia, etc.) como recurso para explicar el domino social, pues considera que no han servido más que para opacar la multiplicidad de los actores que generan lo social, tanto a los humanos como a los no-humanos. Frente a ello propondrá una solución acorde con su sociología de las asociaciones o de las traducciones.

***

 

Hieronymus Bosch – Detalle del infierno de “El jardín de las delicias”

“Tenemos que convertirnos en los que sostienen que la Tierra es plana de la teoría social.”

Bruno Latour

Bruno Latour sostiene que la historia reciente de las ciencias sociales se ha caracterizado por una oscilación entre dos polos opuestos. Por un lado, un acercamiento directo a los fenómenos permite al investigador comprender la realidad social a partir de la interacción entre los actores. Esto facilita un estudio empírico de los sucesos, entrando en contacto con la “vida real” de las personas a nivel de sus decisiones y sus relaciones. Por el otro, el investigador debe lograr un distanciamiento de los fenómenos locales, de las interacciones cotidianas entre los actores, con el fin de constituir un marco explicativo que facilite una comprensión más abarcadora de lo social. Este recurso permite la construcción de un contexto estructurante como causa de la dinámica interactiva de los actores. Esta alternancia de enfoque en las ciencias sociales se ha conocido como el dilema actor/sistema o el debate micro/macro. Latour dirá que

“la cuestión es decidir si el actor está “en” un sistema o si el sistema está compuesto “de” actores que interactúan.” (p. 242)

Un buen ejemplo de este dilema se observa en algo que me sucedió hace unos meses durante una investigación que realicé en el distrito de Belén, en Iquitos. Esta investigación tenía el objetivo de establecer un diagnóstico sobre la situación de la primera infancia en tres comunidades urbanas en la margen del río Itaya, para lo cual se trabajó con los niños y niñas, con padres de familia y con los docentes de la zona. El trabajo duró un aproximado de seis meses y la información recolectada fue abundante gracias a todo el tiempo que pudimos compartir con las personas y a su voluntad de participar.

Recuerdo que las conversaciones con algunos amigos que no participaban en la investigación (pero que era muy cercanos al proyecto) siempre giraban en torno a si estábamos logrando comprender “la cultura” de estas comunidades, más allá de los datos empíricos, de las observaciones y de los dichos de los actores. Estos amigos tienen un marcado enfoque histórico-cultural de raíces marxistas y era interesante notar en su preocupación un cierto aire de desdén hacia la información concreta si esta no llevaba a la comprensión de la estructura cultural, subyacente a cualquier interacción social efectiva.

De cierta manera, era como si los datos concretos recogidos en la interacción directa con los actores fueran inservibles si no podían extrapolarse a macronociones que explicaran la complejidad de las comunidades desde su cultura, su historia, su ideología u otra categoría holística. Cabe resaltar que, a pesar de su insistencia por el valor de lo histórico-cultural para la adecuada comprensión de la realidad social, estos amigos nunca pudieron explicarnos de qué manera uno pasa de los datos empíricos a las categorías estructurales sin recurrir a la varita mágica de la interpretación inspirada.

Hoy lamento no haber conocido de Bruno Latour en ese momento, pues sus argumentos me hubieran servido para fundamentar mi intuición de que el recurso a esas macrocategorías se sentía como un forzamiento interpretativo de la información proporcionada por los actores, el cual superpone el saber especializado del investigador a la voz de los humanos y no-humanos involucrados.

Conozco bien a mis amigos y escucho ya sus objeciones. Entiendo que el clivaje entre actor y sistema es algo del siglo pasado que una dialéctica recursiva, desinfectada de las taras del marxismo de manual, ha logrado superar gracias a una concepción compleja de la subjetividad social. Esta solución de compromiso podría ser tomada como válida, pero para Bruno Latour la dialéctica

“dirá que, simultáneamente, los actores son sostenidos por el contexto y lo sostienen en su lugar, mientras que el contexto será al mismo tiempo lo que hace que los actores actúen y lo que es producido por la retroalimentación de los actores. Con gestos circulares de las dos manos girando cada vez más a prisa en direcciones opuestas, es posible dar una apariencia de razón sin fisuras a una relación entre dos sitios cuya existencia sigue siendo tan dudosa como antes.” (p. 243)

El problema con los bucles dialógicos y las espirales recursivas de la dialéctica es que no hacen más que generar nociones abstractas tanto a nivel del contexto como a nivel de la interacción entre actores. Al final, la explicación parece hacer florecer un panorama complejo de subjetividades y cultura; sin embargo, en todo momento se mantiene en el plano de la especulación categorial, a costa de la materialidad concreta. Además, las subjetividades sociales y la cultura son esa misma recursividad dialéctica, por lo que jamás podrán existir por fuera de ella. Finalmente, la dialéctica compleja se parece mucho a la publicidad de Coca Cola del mundo en el interior de la máquina dispensadora: hay un maravilloso universo de complejidad dialéctica detrás de las cosas, pero no sabrás nada de él ni podrás verlo o tocarlo a menos que te dejes llevar por la fantasía.

Para comprender la posición de Bruno Latour y de la Teoría del actor-red (TAR) frente al dilema actor/sistema primero hay que aclarar que por actor entiende tanto a los humanos como a los no-humanos, es decir, maquinas, animales, artefactos, infraestructuras, etc[1]. Cada actor es autónomo y con una personalidad propia (en el más amplio sentido de la palabra), existiendo sin ser reducidos o engullidos por una categoría “superior” ni organizados bajo una jerarquía antropocéntrica. Todos los actores (humanos y no-humanos) están al mismo nivel, con las mismas posibilidades de interacción y generación de grupos.

Desde esta perspectiva el plano de los actores que generan lo social se enriquece y se multiplica significativamente, como en un cuadro de Jerónimo Bosch. Debido a ello, toda interacción implicará muchos más actores que aquellos que se encuentran interactuando en un tiempo y espacio determinado.

“Cualquier interacción dada parece desbordar de elementos que ya están en la situación provenientes de algún otro momento, algún otro lugar y generados por alguna otra agencia.”  (p. 238)

Por lo tanto, si el investigador es fiel a las direcciones que sugieren tales desbordes, entonces podrá alejarse de cualquier interacción dada hacia otros lugares, otros momentos y otros actores que han moldeado tal situación. De esta manera, los actores se multiplican cada vez más en las influencias y traducciones de unos a otros. Esto para nada significa que el investigador podrá luego trazar una red que, al final, funcionará como la categoría macro que explique la interacción de los actores. Evidentemente aquello sería volver a la dicotomía del actor/sistema y perpetuar la oscilación del péndulo. Ya lo dice Latour:

“Cuando los investigadores comienzan a desviar la mirada de los sitios particulares porque obviamente la clave de las interacciones no se encuentra allí –lo que es cierto–, creen que tienen que volver su atención hacia el “marco” dentro del cual se supone que anidan las interacciones, y es allí entonces cuando las cosas salen terriblemente mal.” (p. 239)

Para Latour, si las cosas han salido tan mal es porque las ciencias sociales han recurrido, en este punto, a sus grandes nociones fundamentales como sociedad, cultura, historia, identidad grupal, etc., para detener la multiplicación de los actores una vez que ponen su lupa sobre sus dinámicas. El investigador social recurre a las estructuras contextuales como un dique para evitar el desborde propio de las interacciones, justificando su construcción con la necesidad de comprender adecuadamente el fenómeno. Al final, estas grandes categorías terminarán existiendo antes y a pesar de la existencia de los actores mismos. Así, para lo científicos sociales la sociedad estará ensamblada incluso antes que empiecen a estudiarla.

Hieronymus Bosch - El jardín de las delicias

Hieronymus Bosch – El jardín de las delicias

Pero si la clave de las interacciones no se encuentra en ellas mismas ni en lo contextual entonces, ¿cuál es la solución que plantea Bruno Latour y su TAR?.[2]

“No sostenemos que las interacciones no existen realmente porque tienen que “ponerse” en un contexto, ni que el contexto nunca existe realmente porque siempre es “concretado” a través de la práctica individual.” (p. 244)

La TAR no opta por uno u otro de estos sitios, ni se conforma con la solución de compromiso de la dialéctica. Más bien, lo que plantea es que los actores deben seguir un movimiento diferente que el señalado por la lógica actor/sistema debido a su imposibilidad de quedarse mucho tiempo en alguno de los dos sitios.

“Aquí, una vez más, tenemos que comportarnos como buenos estudioso de la TAR y ser tan idiotas, tan literales, tan positivistas, tan relativistas como sea posible. Si no hay manera de permanecer en cualquiera de estos lugares, simplemente significa que estos lugares no se pueden alcanzar, sea porque no existen en absoluto o porque existen pero no pueden alcanzarse con el vehículo ofrecido por la sociología. (p. 244, el destacado es mío)

Lo que sostiene Latour, entonces, es que la insuficiencia de uno de estos sitios para la explicación de lo social no supone el recurso al otro. Ambos resultan inútiles o, el peor de los casos, no existen para nada. Son solo la sombra de algún fenómeno enteramente diferente y nuestro fetiche por las grandes categorías explicativas solo hace más difícil poder salir de nuestras cavernas teóricas.

“Sí, debemos seguir la sugerencia de que las interacciones son desbordadas por muchos ingredientes ya establecidos que provienen de otros tiempos, otros espacios y otros agentes; sí, debemos aceptar la idea de trasladarnos a algunos otros sitios para encontrar los orígenes de esos numerosos ingredientes. Pero en cuanto salimos de alguna interacción, debemos ignorar los carteles gigantes que señalan “hacia el contexto” o “hacia la estructura”; debemos girar en ángulo recto, dejar las carreteras y optar en cambio por caminar por una senda diminuta.” (p. 245)

Esta diminuta senda es la de la proliferación de los actores, sin los bucles ficticios de la dialéctica, ni las profundidades de la estructura, ni las voluptuosidades del contexto. Contra esa forma tridimensional, hay que mantener el domino social completamente plano.


[1] Como un generador de ejemplos de lo que serían actores para Bruno Latour utilizo el dispositivo Latour Litanizer creado por Ian Bogost y obtengo los siguientes actores: Joseph R. Gannascoli, George Mervyn Lawson, 19436 Marycole, Brabsterdorran, Tom Sawyer (2000 film), 1812 Louisiana hurricane, Ophrys lunulata, Mockfjärd, Gračac (Vrnjačka Banja).

[2] Debo aclarar que aún no finalizo el libro por lo que los argumentos siguientes podrán parecer cortos. Me comprometo a completar el desarrollo de sus ideas una vez finalizada mi lectura.

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7 pensamientos en “La Tierra es plana – Bruno Latour sobre el debate actor/sistema

  1. Alfredo Pérsico dice:

    Javi:
    ¿Hay materialidad de lo psicológico para esta propuesta o es algo que es preferible olvidar y considerarlo epifenómeno para que continúe el realismo especulativo?
    ¿Cómo se accede a este real de Latour? ¿Por qué creerle?
    ¿Los planos no se superponen y estratifican además de intersectarse?
    ¿Cómo distingues las abstracción pura de la abstracción concreta dentro de esta propuesta, pues el plano sería también una abstracción como lo podría ser la cultura?
    ¿Si la tierra es plana por qué nos tropezamos? (este podría ser un artículo futuro en diálogo crítico con el tuyo)

    Un abrazo fraterno, tu amigo.
    Alfredo Pérsico

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  2. […] continuación respondo a las preguntas que mi amigo Alfredo Pérsico me hizo en este post sobre las ideas que Bruno Latour desarrolla en su libro Reensamblar lo social. Una introducción a […]

    Me gusta

  3. […] Puesto de otra manera: toda tecnología comprende un lenguaje y todo lenguaje es, a su vez, una forma tecnológica que nos permite domestica alguna región de la realidad o algún tipo de problema. Esto ciertamente amerita mayor elaboración (que puede encontrarse parcialmente en mi artículo sobre las gramáticas tecnológicas), pero para no hacer el argumento demasiado largo les pido que lo aceptemos temporalmente. Lo que esto nos permite es reconocer como tecnologías un conjunto considerablemente más grande de procesos, siguiendo una argumentación bastante mcluhaniana: bajo esta lógica, las ciudades pueden considerarse como tecnologías, como pueden también serlo los teléfonos, las autopistas, las pinturas medievales, los smartphones, etc. Nos encontramos aquí muy cerca del dominio de la ontología orientada a objetos, o de la teoría del actor-red. […]

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  4. […] partir de un post sobre la Teoría del actor-red de Bruno Latour he comenzado un intercambio de ideas muy interesante con Alfredo Pérsico tal como puede verse en […]

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  5. Esen dice:

    “Así, para lo científicos sociales la sociedad estará ensamblada incluso antes que empiecen a estudiarla.”

    Maestro.
    Me está empezando a gustar este Latour.
    Voy a leerlo pronto.

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  6. […] lo social, el libro de Bruno Latour que funge como introducción a la teoría del actor-red (muy bien reseñado aquí por Javier Urbina), la descripción de cómo una empresa peruana comercializa y vende un automóvil bajo una marca […]

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  7. ARTURO MEDINA dice:

    JAVIER

    que opinas de la teoría de la “ley natural” como paradigma antropológico?, bajo este paradigma se “ordena” lo que es natural en sexualidad y lo que no es. bajo el pretexto de la ley natural se condena, por ejemplo, la homosexualidad.

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