El principio de irreductibilidad en Bruno Latour

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Quiero hacer una pequeña presentación del principio de irreductibilidad en Bruno Latour, tal como se plantea en su libro The Pasteurization of France (Harvard University Press, 1993). Este principio se encuentra en la segunda parte de ese libro llamada Irreductions, el cual es un texto de aforismos donde Latour desarrolla el núcleo de su teoría. Si bien en la actualidad, casi 25 años después de la publicación de ese libro en Francia, Latour se ha distanciando mucho de aquellos planteamientos, de todos modos puede decirse que este principio se ha mantenido como un vector activo en los caminos que ha tomado su pensamiento.

El principio de irreductibilidad se propone en el siguiente aforismo:

“1.1.1 Nothing is, by itself, either reducible or irreducible to anything else. I will call this the “principle of irreducibility”, but it is a prince that does not govern since that would be a self-contradiction.”

[1.1.1 Nada es, por sí misma, reducible o irreducible a cualquier otra cosa. Llamaré a esto el “principio de irreductibilidad ”, pero es un príncipe que no gobierna ya que ello sería una auto-contradicción.]

Tal como está escrito el aforismo, podemos dividirlo en cuatro secciones para facilitar su comprensión[1].

1. Nothing is reducible to anything else [Nada es reducible a cualquier otra cosa]

Esta idea es elemental y perfectamente comprobable empíricamente. Si A es enteramente reducible a B, entonces no puede decirse que A y B sean entidades separadas. Para que una entidad exista, requiere de atributos que la diferencien, por lo menos mínimamente, de las demás entidades, las cuales a su vez poseen atributos propios y diferenciables. Si algo fuese completamente reducido a otra cosa, ese algo, por definición, dejaría de existir. Esa sería la interpretación ontológica de la frase.

En general, la crítica de Latour a las Ciencias Sociales se dirige hacia las teorías reduccionistas que pretenden explicar los fenómenos sociales mediante grandes nociones abarcadores (especialmente la que más hemos llegado a amar: “lo social”) que, al fin y al cabo, sacrifican la identificación de las micro-dinámicas relacionales por una macro-comprensión del fenómeno. Como aclararé más adelante, esto de ningún modo supone un rechazo a la explicación teórica o una renegación del concepto, sino que es un señalamiento de la imposibilidad de agotar o reducir el fenómeno en su explicación. Por principio, la realidad excede al conocimiento. Esta sería la interpretación epistemológica de la frase.

Ahora bien, este principio no se reduce únicamente a la relación epistemológica del conocimiento con lo cognoscible, sino que se aplica a todo tipo de relación posible. Para Latour, una entidad es sus relaciones. Las conexiones, los intercambios, las alianzas, las traducciones que un objeto puede establecer con otros es lo que lo hace ser lo que es, tanto desde él hacia los otros como a nivel de sus componentes. A su vez, otras relaciones pueden mutar el objeto, hacerlo distinto, modificar sus atributos. De modo que si la relación del objeto A con el objeto B es constituyente bilateralmente, no puede ser al mismo tiempo causa de la reductibilidad de uno en otro. Así, los objetos son en relación y en ella se distinguen irreduciblemente.

2. Nothing is irreducible to anything else [Nada es irreducible a cualquier otra cosa]

Esta frase le otorga una mayor complejidad a las conclusiones anteriores. Como se señaló, nada existe más allá de las relaciones. No existen esferas herméticamente cerradas que separan las cosas de manera que no puedan entrar en contacto. La realidad es promiscua: no hay dos entidades lo suficientemente ajenas como para que no puedan establecer algún tipo de relación entre ellas, si es que cuentan con los suficientes aliados (humanos y no-humanos).

No obstante, relacionarse supone un punto de pérdida, de cesión, de reducción de atributos y propiedades. Para entrar en relación, para crear alianzas y ensamblajes, las entidades requieren de un proceso de simplificación que les permita cierto grado de traducción. Pero la necesidad de este proceso de traducción radica justamente en la irreductibilidad de las entidades. Es precisamente porque A es irreducible a B que ambas requieren de un proceso de traducción y simplificación para establecer algún tipo de lazo, un modo de reducibilidad de uno al otro y viceversa. La complejidad del proceso de traducción y el esfuerzo de sostenerlo en el tiempo dependerá de la complejidad misma del ensamblaje.

Como se habrá notado, la díada reducible/irreducible es menos una contradicción que un circuito auto-reforzador: las entidades son sus relaciones reductivas con otras entidades, pero ninguna entidad es reducible como tal a alguna de sus relaciones con otras entidades. Las entidades son y no son más que cada una de sus relaciones. Para que las entidades existan deben ser, a la vez, reducibles e irreducibles.

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3. Nothing is reducible or irreducible “by itself” [Nada es reducible o irreducible “por sí misma”]

Las entidades son hechas existir, son hechas perdurar. Nada se crea o persiste por sí misma. El cosmos es una red compleja de entidades, enredada y plural, un enjambre caótico, estridente, polidimensional. Cada entidad está hecha de innumerables relaciones con otras entidades “hacia atrás y hacia adelante”, en un único plano de actantes que interactúan entre sí, ejerciendo o cediendo poder, ensamblándose, complejizandose de formas tales que nos hacen pensar en niveles, en estratos, en profundidades y volúmenes. No hay nada sola, no hay un comienzo, solo la intensidad del contacto.

4. It is a prince that does not govern since that would be a self-contradiction [Es un príncipe que no gobierna ya que ello sería una auto-contradicción]

Esta frase con la que termina el aforismo hace del principio de irreductibilidad algo menos que un principio… menos pretensioso en todo caso. Esta frase tiene un claro propósito secularizador, es una máquina suicida que atenta contra la esencia teológica de su propio ser. Y es que para Latour el aforismo 1.1.1 es más un príncipe que un principio, su legitimidad no se basa en su axiomática sino en sus alianzas. Finalmente, su valor no radica en su trascendentalidad metafísica sino en su inmanencia política.

Lo que Latour hace es engendrar un animal semántico, una entidad más que debe establecer relaciones, fortalecer alianzas y edificar ensamblajes. El principio de irreductibilidad sería una contradicción si se planteara como el núcleo de la realidad, la respuesta a toda pregunta ontológica o la verdad del universo. Eso sería una contradicción precisamente porque reduciría el cosmos a un grupo de palabras.

Visto de este modo, el principio de irreductibilidad se demuestra válido en su poder performativo para establecer alianzas y no por lograr articular en palabras una certeza que exista “más allá” del las apariencias.

***

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Entonces, Latour no plantea que abandonemos del todo la explicación o la reducción del cosmos. Reducir es crear redes, por lo que todo proceso de conceptualización sería un modo de enredarse. Tal como él lo entiende, las relaciones mismas serían una forma de reducción de las entidades, pero solo pueden ser reducidas aquellas entidades que son irreducibles entre sí. Ninguna reducción es total como tampoco lo es la irreductibilidad. La existencia misma de una entidad radica en ese proceso de negociación perpetua, de gestión continua del poder, de tensión constante que caracteriza a sus relaciones con otras entidades que, a su vez, existen bajo la misma lógica.

De este modo, volviendo a las ciencias sociales se puede decir que cualquier marco explicativo que pretenda entender lo social en sus términos, existe como una nueva entidad que entra en relación con el fenómeno y, al buscar comprenderlo (simplificarlo, codificarlo), lo complejiza también. El fenómeno social concede a dejarse traducir por la teoría a costa de mantener su irreducción a ella, del mismo modo que la teoría flexibiliza su composición a costa de continuar explicando. Si Latour hace énfasis en el seguimiento y mapeo de los actantes humanos y no-humanos diseminados en el cosmos, no es con el objetivo de abandonar todo ejercicio teórico o intento de explicación. Su objetivo, por el contrario, es poner el acento en las complejidades irreductibles del mundo y sus objetos, de tal modo que enriquezcan los marcos explicativos con su vitalidad relacional.

El principal enemigo de Latour es el reduccionismo de las teorías sociales, los grandes conceptos onmicomprensivos, las categorías históricas y estructurales, los dogmas pseudo-científicos. Todas estas formas de comprensión suponen una simplificación traicionera y cínica de la realidad, y demás está decir que son parientes de la violencia. Frente a esto, el (no)principio de irreductibilidad es, en su lógica agujereada y paradójica, una herramienta de resistencia.

Imágenes de Suren Manvelyan

[1] Muchas de las ideas que aquí planteo, así como la estructura del texto están tomadas del comentario de Phillip a este post de Larval Subjects.

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2 pensamientos en “El principio de irreductibilidad en Bruno Latour

  1. […] para criticarlo precisamente en este texto. En todo caso, es comprensible que si una acepta el irreduccionismo de Latour, su idea de los actantes y su desestimación de los conceptos fundamentales de la […]

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  2. […] Este texto en otro blog puede servir de puente entre lo que hay aquí arriba, y algunas ideas del texto en […]

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