La negatividad del ser y lo inconsciente

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Este es un pequeño comentario sobre el último texto de Ray Brassier llamado That which is not: Philosophy as entwinement of truth and negativity publicado en el primer número de Stasis, denominado Politics of negativity (octubre 2013). En realidad, para comprender mejor mis comentarios es necesario revisar antes el texto de Brassier ya que no me detengo a exponer con detalle sus ideas. Sin embargo, considero que los puntos 5 y 6 pueden entenderse sin necesidad de esa lectura previa. En esos puntos me reencuentro con algunas conclusiones que ya extraje de mi lectura de El Antiedipo de Gilles Deleuze y Felix Guattari, y que las considero fundamentales en mi investigación teórica actual. Por último, el punto 7 es casi una posdata que comenta brevemente la crítica de Brassier a Latour, la cual es bastante agresiva en este escrito.

  1. Me parece realmente interesante la propuesta de rehabilitar la verdad como negatividad, descartando la idea de verdad como una fuerza. Creo que la negatividad como alteridad (otherness) del ser está más allá de donde la pone Brassier (luego lo desarrollaré mejor), pero de todos modos considero que la indicación a no identificar la verdad con alguna fuerza negativa ubicua (voluntad, voluntad de poder, cuerpo sin órganos, pulsión de muerte, etc.) marca un vector preciso para una filosofía realmente liberada de todo rezago metafísico y dogmático. Al parecer, si bien muchos autores han logrado identificar esa paradoja propia al ejercicio de nuestra razón (el entrelazamiento (entwine) del ser y el no-ser en el pensar mismo), el uso demasiado exclusivo de la ontología para nominarla ha nublado las incoherencias epistemológicas de tales postulados. Así, el retorno a una crítica epistemológica que proteja la distinción entre la trascendentalidad de los conceptos y la inmanencia de los cuerpos, supone la formalización de esta negatividad de una manera que no nos lleve de vuelta a los predicados de una verdad como fuerza no-conceptual. Creo que esto es lo más iluminador de todo el artículo.
  1. La preocupación principal en el texto sigue siendo el desarrollo de una de las preguntas fundamentales de Brassier: ¿cómo el ser del pensamiento está implicado en el pensamiento del ser? ¿Cómo se entrelaza la apariencia de la idea (trascendencia) con la esencia de la materia (inmanencia)? Es genial cómo encuentra en Platón un fundamento para su proyecto desde una lectura poco común de la relación entre eidos y soma como un dualismo formal más que como una distinción substancial entre lo mental y lo material. Y es que reconocer este dualismo formal le permite efectivamente poder hablar de una sola materia (monismo materialista) al desubstancializar las ideas: una cosa es lo que es pensado y otra aquello con que se lo piensa, la materia y la forma, lo inmanente y lo trascendente. Cuando hablo del árbol hago uso de nociones referenciales que no son el árbol mismo, pero que me permiten elaborar un conocimiento objetivo sobre él. Así, aunque ambos existen (son), de todos modos los cuerpos del mundo (materia) se distinguen cualitativamente de las formas incorporales (conceptos) que utilizo para referirme a ellos. De la mano con este sustrato epistemológico, Brassier mantiene la crítica fundamental a la fusión del ser y el pensar en toda metafísica que no tenga en consideración las distinciones abiertas desde que Kant formuló la razón pura como una estructura discursiva constituida por juicios (unidades de pensamiento) normativamente reglados y no como ideas substanciales. ¡¡Los conceptos no son materia, acéptalo!!
  1. Sin embargo, lo conceptos existen y creo que es a partir de acá que Brassier puede intentar responder a la manera en que el ser está implicado en el ejercicio de pensarlo. La puesta a prueba de la vía abierta por Platón en su crítica a los sofistas (teniendo siempre como base su dualismo formal) lo llevará a formular lo que considera es el ser. Antes quiero decir que esta me parece la parte más novedosa del texto, pero al mismo tiempo tengo la impresión que no la desarrolla lo suficiente. That which is not tendría que ser aquello a lo que más esfuerzo explicativo debería dedicarle; no obstante, no son más que unas cuantas ideas aplastadas en pocas líneas. En todo caso, su planteamiento es que el ser es capacidad y abarca cuatro formas básicas: movimiento, detención (rest), mismidad y alteridad. Pero es la alteridad la que mantiene juntos a los otros principios, porque cada principio es y al mismo tiempo es otro que todo el ser (porque ya antes mostró que es una aporía considerar al ser como la estática de lo Uno o como el devenir de lo múltiple). Así, la alteridad es esa condición mediante la cual lo que no es se presenta como negatividad de lo que es en el instante en el que se postula la existencia de algo, de modo que la trascendencia de la ideas se entrelaza con la inmanencia de los cuerpos.

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  1. En realidad es bien complejo todo esto, pero entiendo que Brassier está planteando que esta alteridad es la negatividad no-conceptual que podemos encontrar en otros autores (Schopenhauer, Nietzsche, Freud, Bergson, Deleuze, etc.) pero sin la dimensión de la fuerza (que las substancializaba y las hacía devenir un ser existente), sino dotada de una pura nada, un resto irreducible que opera como el motor no-objetivable de la estructura del discurso objetivizante (conceptualización). Comprendo que esa nada tiene un estatuto trascendental, pues se genera como la infraestructura lógica de la racionalidad conceptual en el instante mismo en que ella intenta postular lo que es. Entonces, la diferencia dada entre apariencia y realidad (base de la crítica epistemológica) produce una negatividad que es, a su vez, la condición de posibilidad de la verdad objetiva, pero que no podría ser ella misma objetivada sin caer nuevamente en la metafísica de las fuerzas. Esta negatividad es lo que Ray Brassier denomina la dimensión normativa, la condición de posibilidad de una ontología objetiva. Este giro es brillante, ya que al plantearlo de esta manera Brassier logra liberar a la dimensión normativa de las acusaciones moralistas a las que ha estado sometida por la filosofía continental (ver las digresiones de Levi Bryant sobre la epistemología en su debate con Daniel Sacilotto). Lo normativo es, así, el exceso negativo no-localizable que sustenta, bajo una lógica y una forma, la posibilidad de positivizar un conocimiento sobre la realidad.
  1. Todo esto me parece esclarecedor y creo que hace que las cosas se pongan serias. Sin embargo, hay algo que no me termina de cuadrar en lo que sostiene Brassier. Para simplificar digamos que la negatividad es la infraestructura de la racionalidad, aquello que es, al mismo tiempo, condición de posibilidad y garante de la coherencia de la cognición, entendiendo que no existe más que como una pura operatividad lógica (trascendental). Ante esto, tengo la impresión que Brassier piensa la racionalidad como algo que efectivamente funciona “bien”, es decir, mientras esta infraestructura opera, la razón está capacitada para emitir juicios ciertos y objetivos sobre la realidad, articulando el discurso que llamamos científico. Sin embargo, hay un elemento que queda completamente por fuera de esta dinámica casi computacional: la afectividad. Las raíces del afecto erupcionan en el discurso, lo desequilibran, hacen de las falsedades certezas, de las ilusiones verdades absolutas (¿o no es así cuando uno se enamora o cuando le cree a alguna teoría?), de las ambigüedades creencias, de los gestos grandes palabras, etc. No somos robots, ni siquiera cuando hacemos ciencia. Ahora bien, entiendo que esto puede ser refutado sustentando que de lo que se trata es de formalizar el discurso objetivo de la ciencia y no la subjetividad, pero es que hay una cosa más. Brassier forcluye cualquier referencia a lo inconsciente como tal, es decir, desconoce justo aquél fenómeno que muestra con prístina claridad que ¡no pues!, la infraestructura lógico-formal no siempre anda “bien”. ¿Qué dice Brassier de la locura, de los chistes, de los lapsus, de los olvidos, de los sueños, de las pesadillas, de los ataques de pánico, de las certezas paranoicas, de las parálisis “tipo guante” de las histéricas, de los rituales obsesivos, de las fijaciones fetichistas, etc.? Pienso que la teorización de este espacio negativo infraestructural puramente operativo es realmente un paso importante (por lo que dije antes sobre la negatividad vaciada de fuerza ontológica); sin embargo, no creo que resulte demasiado fructífera su exploración si únicamente se limita a su marcha “normal”. Por mi parte, considero que lo inconsciente es el efecto irresoluble de un big bang producido en el encuentro entre la carne inerte y el lenguaje socialmente articulado, y que eso trae consecuencias ineludibles a nivel de todo discurso racional. Obviar eso es hacer filosofía artificial.
  1. Entonces, para terminar, creo que este texto de Ray Brassier abre las vías de una exploración de lo inconsciente en su relación con el aparato negativo-formal de la racionalidad, en pos de una comprensión ampliada de los mecanismos del pensamiento, más allá de su restricción al plano de la objetividad científica. No obstante, en este trayecto hay que tomar en cuenta la indicación sobre desubstancializar la negatividad y, por lo tanto, cuidarse de comprender a la pulsión de muerte como una fuerza, de manera que no volvamos a los errores que la epistemología ya nos ha hecho notar. Nuevamente me topo con el imperativo de releer los tres grandes libros de Freud: La interpretación de los sueños, Psicopatología de la vida cotidiana y El chiste y su relación con el inconsciente, así como su metapsicología, ahora con esta guía en mente. Además, creo que es importante tomar en cuenta la crítica de Deleuze y Guattari al psicoanálisis demasiado edipizado y revalorizar la locura en la indagación de la razón pura. Quizá con estas herramientas sea posible pensar lo inconsciente en su normatividad demencial, sustraída toda consistencia metafísica. En fin, habría que “limpiar” al psicoanálisis de ontología y procurar un retorno epistemológico a Freud.
  1. Como cuestión totalmente aparte, quiero comentar sobre la crítica a Bruno Latour. Es evidente que Brassier detesta a Latour (o fácil detesta a otra persona que quiere joder a través de su crítica a Latour [comidilla filosófica]) y no entiendo muy bien por qué lo elige para criticarlo precisamente en este texto. En todo caso, es comprensible que si una acepta el irreduccionismo de Latour, su idea de los actantes y su desestimación de los conceptos fundamentales de la filosofía, el proyecto de Brassier simple y llanamente no tiene ningún valor. Así, Brassier requiere de forma casi obligatoria que la teoría de Latour sea errónea y no descansará hasta reducirlo a nada. Espero que Latour responda.

Por el momento, eso es todo.

Imágenes de BURO UFHO
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13 pensamientos en “La negatividad del ser y lo inconsciente

  1. H dice:

    estimado javier

    por que siempre se asocia el existencialismo con el nihilismo? el nihilismo pasivo tan criticado por nietzsche como el fatalismo ruso, acaso no puede ser considerado como “estado puro” del ser humano donde se desprende del mundo y de sus categorías, en una caída permanente en el anonadamiento, como un devenir imperceptible. el hombre deja de creer, no existe un mañana, dios ha muerto, la perdida imparable de toda forma, la caída de la sustancia. un hombre perdido en la idea del orden del universo, en la idea de la sustancia divina, la idea de la razón.
    ¿que es eso del sentido? acaso el “sentido” no es un limite, no seria mejor una vida a-significante. ahora claro, asumir el “sin sentido”, el absurdo, la nada, no seria crear también un sentido? quizá no sea el “sentido” fijo, objetivo y absoluto de nuestra cultura occidental…pero es “otro sentido”. quizá mas allá de las representaciones, de dios, la religión, la moral, el sentido, etc, haya una “nada” que sea la existencia en su estado mas puro y genuino, “adanico”..porque hablar de la existencia es hablar de los real no?
    cada vez que observo con detenimiento un niño sufriendo, o las propagandas por navidad, o la gente contenta al salir de su compras del supermercado agarrando sus bolsas con fuerza, o tantas muertes, me doy cuenta de que estamos “solos”, que la representación y el “sentido” solo “adormecen” el sentir a flor de la piel la “nada” de la existencia y la ausencia radical de un dios.

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  2. Estimada H, te agradezco por tu comentario.

    Captas bien una de las posibles vías por la que nos puede llevar un pensamiento nihilista. Sin embargo, pienso que hay que cuidarse de derivar a la inacción como consecuencia del pensamiento del ser o, peor aún, concluir que, dado que no hay ningún sentido para la existencia, “todo está permitido” o “nada tiene valor”. Eso llevaría, sin más ni menos, no a la valiente aprehensión de nuestra tragedia sino a la engreída autorización de una posición cínica con respecto a la realidad, disfrazada del reconocimiento de la insignificancia humana. Creo que en eso Nietzsche tenía razón al sostener que el nihilismo radical no es una pura voluntad de negar, sino el tránsito hacia una transvaloración de la vida tal como la entendemos.

    Ejercer la crítica sobre ser humano y su existencia, confrontándolo con el pensamiento del afuera y su lugar ínfimo en la inconmensurabilidad cosmológica (un hombre frente a un Antiguo lovecraftiano), para nada supone una banalización de nuestra vida y nuestros efectos en el universo. En todo caso, debería servir para motivar la reflexión sobre el proyecto humano (que es obvio que no existe) hacia la maximización de las consecuencias de lo que somos. Personalmente, creo que llegará un momento en que seremos sustituidos por inteligencias más funcionales y mejor equipadas para la vida, inteligencias que nosotros mismos crearemos y que se encargarán de demostrarnos con hechos que nuestro fin último fue crearlas, luego de lo cual no tendrá mucho más sentido nuestra subsistencia. Selección natural le dicen… pero esto ya cae en la ciencia ficción, ¿o no?.

    En todo caso, estoy tratando de decir que “el sentido” es un propiedad de nuestra existencia como humanos, es más, es lo que organiza esta existencia misma, a nivel individual y colectivo. Por supuesto, hay que establecer una crítica a los sentidos (yo diría que a todos los sentidos), pero nadie es tan iluso para pensar que podemos abolir su necesidad. Ahora, Quentin Meillassoux intenta probar que es posible pensar “el afuera” de todo el sentido, el ser sin el pensar, como un absoluto hípercaótico súpercontingente donde las Leyes que son también pueden ser otras, donde el espacio se diversifica y el tiempo es demencial. Lo contingente deviene lo único necesario. Creo que esto abre vías interesantes para pensar filosóficamente el funcionamiento y las posibilidades de la ciencia, así como para transvalorar el campo de nuestra racionalidad.

    Finalmente, es cierto que estamos “solos”, solos con nuestros goces diría Lacan. Sin embargo, yo creo en la palabra de amor y soy testigo de su manera de hacer lazo entre soledades. Ese fenómeno (el anudamiento amoroso de las soledades) me parece mucho más interesante teóricamente que la aceptación de nuestra absoluta e irresoluble soledad.

    Nunca debemos ser tan nihilistas como para que no valga la pena pensar.

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  3. H dice:

    GRACIAS. quisiera su opinión sobre estos dos puntos.
    -usted cree que dios es una “construcción”, o que realmente es un “dios ausente”, impotente? dios es necesario? en que nos ha beneficiado la “redención” del dios occidental, ya que han pasado dos milenios desde “aquel momento” y no se puede establecer la diferencia en re el hombre paleolítico y el actual. a pesar de la “redención” sigue urgente ¿la pregunta que es el hombre?

    – el nihilismo japones, por ejemplo, habla de una duda profunda sobre el “yo” hasta convertirnos en un sujeto interrogante, una duda que nos envuelve y nos fusiona, es decir, una duda implacable en la que se renuncia al yo pensante para convertirse en la duda, un vacío de si mismo (trascender el nihilismo por negación, negación de la negación).
    tras la perdida de la representación, la consistencia, la forma, la idea de forma del universo, la sustancia divina, se vuelve al yo imposible, el descenso continuo del yo, momento de la duda, de la incertidumbre, de la no verdad. quizás mas allá de dios, del ser, de toda forma, de la razón misma, este la existencia desnuda, el fundamento originario.

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  4. Estimada H, los temas que planteas son complicados de responder en un espacio corto como este y hay cosas que planteas para las cuales no tengo respuesta. En todo caso, me parece genial que tus preguntas te lleven a buscar algo en la teoría, pero no olvides que hay mucho más que eso. Creo que si la teoría nos impide disfrutar de nuestra (única) vida, no vale lo suficiente para continuar por ese camino.

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  5. Sergio Morales Inga dice:

    Es muy interesante como estos filósofos de cartón hablan sobre la Epistemología, el Conocimiento, las Estructuras, etc., sin tener en cuenta la complejidad de su objeto ni tampoco al fundamentar la lejanía de sus premisas respecto su objeto real. Es una pena. De paso, la idea de Brassier (tal como la expones) de incluir lo afectivo dentro del proceso de conocimiento no es cosa nueva, se hizo siempre, inclusive dentro de las ciencias. Este desconocimiento es parte de lo que digo, aparentemente Brassier escribe mucho pero dice nada.

    En cuanto al artículo presente, muy interesante, pues más allá de reseñar la idea del autor (o autores) al cual refiere demuestra también y con mayor facilidad los vacíos tremendos del realismo especulativo tiene respecto sus propios objetos de investigación. Espero, no se tome lo de Brassier como “la gran certeza” o “la gran solución”…

    Para terminar, veo difícil que podamos generar un retorno “epistemológico a Freud” cuando este nunca elaboró una epistemología alguna lo cual generó que el psicoanálisis tuviera una historia trágica en términos de teoría y epistemología por darle la espalda a las ciencias cognitivas que buen basamento epistemológico le hubiere aportado. Simplemente no podemos generar un retorno epistemológico a algo que nunca tuvo epistemología.

    Sergio Morales Inga
    Antropología, UNMSM.

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  6. Te agradezco por tu comentario, Sergio. Efectivamente no tomo ni a Brassier ni a ningún otro pensador como dando cuenta de una certeza irrefutable. Más que nada, eso supondría obturar justamente la posibilidad misma del pensamiento. Prefiero siempre el mediodecir de las verdades. Sin embargo, no estoy de acuerdo con que Brassier sea un filósofo poco riguroso, que utiliza categorías a la ligera sin conocer la real dimensión de sus significados. En todo caso, si eso muestra mi texto, los errores son míos y no de Ray Brassier.

    Cabe aclarar que lo que Brassier propone en este texto es la dimensión normativa como una negatividad no-conceptual que opera como el motor no-objetivo de todo discurso objetivamente. Esto es una manera de sustentar su actual investigación sobre la infraestructura no-discursiva y lógico-formal de la razón a partir de la obra de Wilfrid Sellars que, como debes saber, esta completamente ligado a las ciencias cognitivas que tú mismo mencionas. En ese sentido, creo que Ray Brassier es uno de los filósofos más interesantes en la actualidad, pues a través de su trabajo busca reintroducir la discusión epistemológica propia de la filosofía analítica en el pensamiento ontológico continental. Pienso que esto es una brisa de aire fresco para la filosofía.

    Finalmente, creo que es un tanto apresurado afirmar que el psicoanálisis carece de una dimensión epistemológica, a menos que nos sintamos cómodos en los lugares comunes del positivismo más apolillado. Es cierto que Freud no se detuvo demasiado en consideraciones epistemológicas, pero eso no nos debe llevar a concluir que están ausentes. En realidad, tanto Freud como Lacan mantuvieron una preocupación constante por la validez de sus teorizaciones, al mismo tiempo que temían la posibilidad de que el psicoanálisis no fuera nada más que un delirio. Notarás que mi proyecto de investigación personal, salvando las distancias, tiene algo de similar con el de Brassier. Creo que formalizar la dimensión epistemológica del psicoanálisis permitirá articular sus descubrimientos (principalmente lo Real lacaniano) con una filosofía especulativa crítica que trascienda las restricciones propias del pensamiento mismo.

    Justamente por eso es que destaco la ausencia de la dimensión de lo inconsciente en el texto de Brassier. ¿Qué hacemos hablando de razones puras e infraestructuras lógicas no-discursivas como si lo inconsciente no existiese? Para mí, hay piezas que faltan en esa figura.

    Saludos.

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  7. Sergio Morales Inga dice:

    Interesantes los dos primeros párrafos de tu respuesta, agradezco la misma; pero hay algo que no me cuadra y que tiene mucho que ver con la falta de rigurosidad de Brassier (a quien conozco poquísimo, aclaro, pero conozco la base de la cual parten sus afiliados), es que si se trata de re-introducir la dimensión epistemológica habría que argumentar por qué, cómo, hacia dónde, etc., es decir, si Brassier dice que hay que re-insertar tal dimensión es porque según él esta dimensión estuvo ausente; la pregunta es, ¿ausente en dónde? ¿En la filosofía? Siempre lo estuvo a partir de mediados del siglo XX, ¿En las ciencias? Difícil de creer. Que la epistemología haya sido subsumida por la tan famosa -y en extremo sobrevalorada- crítica posmoderna no significa que de hecho la epistemología haya desaparecido sino simplemente que los posmodernos tuvieron un mejor manejo de los medios. Y esto quedó demostrado con la proliferación de los Estudios culturales en Norteamérica. Como digo, todo deseo de reintroducir la epistemología siempre será bienvenida 🙂 (De hecho la epistemología en sus diversas acepciones es mi campo preferido de estudio) pero la pregunta es reintroducirla dónde y por qué. Faltan las premisas en Brassier que quizás fundamente en otros textos.

    Sobre el psicoanálisis, creo que El libro negro del psicoanálisis, de autoría colectiva, o El crepúsculo de un ídolo de Michel Onfray (uno de los pocos filósofos realmente rigurosos hoy, también polémico) da algunas luces de lo que te digo: El psicoanálisis tuvo una gran historia desde su internalidad, pero desde fuera veremos que no es así. El psicoanálisis (de la cual no niego su existencia sino su epistemología) mirado desde otras disciplinas más elaboradas recae mucho a ese nivel. Y no creo que los que afirmamos tales cuestiones seamos positivistas, es más, ningún crítico del psicoanálisis fue positivista, salvo que sindiquemos a Popper y Bunge como positivistas (lo cual dudaría dado que ambos criticaron al positivismo y porque Bunge no es positivista), de hecho los grandes críticos del psicoanálisis fueron los promotores de las técnicas cognitivos-conductuales que mucho bien le hicieron a la psiquiatría y a la psicología en diferentes niveles.

    Freud y Lacan, claro, se preocuparon mucho por la validez a tal punto de crear dogmas a su favor. Freud fue un ilustrado lo cual es comprensible dado su contexto y Lacan alguien que remitió a formalizaciones matemáticas (mal empleadas cabe decir) para intentar rozar algún criterio lógico de modelización o modelado. Ambos intentos fueron desacreditados porque simplemente Freud se negó a abrir el psicoanálisis y Lacan tendría el mismo objetivo, pero gozaría de mayor cobertura. Ninguno de los dos realizó aquello que tanto decían que lograrían; Freud por antiguo y desfasado, y Lacan por confundido.

    Quizás la única solución sea escuchar a la ciencia real. A este respecto, psiquiatría neurobiológica, ciencias cognitivas, el enfoque neuro-psico-inmuno endocrino, etc., y demás facciones de la epistemología de la medicina en general. He ahí las impresiciones de Brassier al plantear su proyecto de investigación. No se trata de ser positivistas y criticar aquello que no sea cuantificable sino de pedir un mínimo de coherencia.

    Sobre lo Real y la filosofía especulativa; pienso que el especular sin fundamentar es inútil para cualquiera por más dotado que fuere y aplicar el psicoanálisis sin una epistemología detrás genera posturas ridículas como las de Zizek, Alemán, Laclau y la mediáticamente famosa Izquierda lacaniana.

    Sin duda, es un tema por explorar, el cual despertó mi interés al leer tu artículo, lo confieso jaja (Y)

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  8. Estimado Sergio, entiendo que hay dos puntos en lo que estamos conversando. Por un lado, está el proyecto de Brassier sobre la articulación de epistemología y ontología y, por el otro, la epistemología del psicoanálisis. Veámoslo punto a punto.

    Pero antes de ello quiero insistir en señalar que no pienso que sea justo tratar tan ligeramente a Brassier como un filósofo poco riguroso. Comprendo que llegas a esa conclusión no a través de la lectura de sus trabajos (que aceptas no conocer), sino más bien como una generalización de tus impresiones acerca de lo que denominas sus “afiliados”. Intuyo que por ello te refieres a la (supuesta) corriente del realismo especulativo. Es discutible afirmar que siquiera exista una corriente de ese tipo, pero, en todo caso, Brassier siempre se ha mantenido distante de la mayoría de autores asociados con ella, como lo ha señalado en diversas oportunidades (especialmente aquí). Su proyecto es por completo diferente y carente de la ingenuidad de los “realistas” contemporáneos. Por lo tanto, considero que tus caracterizaciones de su trabajo son incorrectas, gratuitas e irresponsables. Supongo que estarás de acuerdo conmigo en que ejercer la crítica teórica de esa manera no sirve para nada, por lo que es mejor estar seguros de lo que decimos antes de andar adjetivando negativamente el esfuerzo de otros.

    Habiendo dejado eso claro podemos entrar a los temas de fondo. Efectivamente el proyecto de Brassier es un proyecto filosófico que busca articular la tradición epistemológica analítica con la ontológica continental. No voy a explayarme aquí sobre sus intenciones pero te invito que revises su texto Concepts and objects (además, creo que te hago un favor al no explicártelo y dejar que lo leas tú mismo). Allí podrás encontrar un desarrollo preciso de sus objetivos de investigación y posiblemente te lleves una grata sorpresa, pues no creo que sea del todo ajeno a tus intereses. Sería interesante saber tus opiniones luego de leerlo.

    Sobre el psicoanálisis, entiendo que tu posición de partida es negarle por completo cualquier validez teórica y, quizá también, toda utilidad práctica. Es bastante complicado establecer una conversación cuando nuestro interlocutor desde el inicio está tan convencido de la veracidad de sus ideas, pero haré el intento.

    Mis intereses actuales por el psicoanálisis de Lacan (en el cual me he formado, me he analizado y he analizado a otros hasta hace algún tiempo) son principalmente filosóficos. Respeto mucho su orientación analítica y sus modos de intervención clínica porque he sido testigo por varios años de la calidad profesional y del cuidado humano con el que los psicoanalistas realizan su trabajo, así como he visto los resultados positivos que obtienen. Sin embargo, en la actualidad no me interesa demasiado la cura.

    Más bien, creo que a nivel ontológico Jacques Lacan introdujo una serie de nociones que enriquecen el debate filosófico y las posibilidades de pensar el ser. Especialmente su última enseñanza es un esfuerzo casi desesperado por tratar de formalizar estos hallazgos de un modo que quedaran exentos de cualquier desviación semántica. De allí su admiración por la lógica y la matemática en sus modos de escribir lo real. Vale aclarar que Lacan no quería – como tú afirmas – “emplear” la formalización matemática y que esto no le dio resultado. Felizmente no era tan ingenuo. Por el contrario, su intención era encontrar las maneras de formalizar la experiencia de lo real que el psicoanálisis develaba en una modalidad de escritura transmisible no-discursiva propia. Reflexionar sobre si tuvo éxito o no solo es importante si nos permite allanar el camino para los siguientes pasos.

    Podrás ver, entonces, por dónde va mi proyecto. Pienso que las intuiciones ontológicas del psicoanálisis lacaniano son potentes, pero requieren establecer con claridad sus condiciones epistemológicas, a fin de no repetir desviaciones pasadas. Efectivamente quienes buscamos realizar un trabajo serio de teorización demandamos coherencia en los planteamientos, pero esto no debe funcionar como una tabla de medida para decir quién está bien y quién mal para luego adjuntarles adjetivos negativos. Para mí, esa forma de criticar oculta la peor forma de fanatismo moral: el del rey que desnudo se sienta en el trono de la ciencia “real”.

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  9. Sergio Morales Inga dice:

    Gracias por el libro de Brassier. Sin duda es un tema interesante; ahí veré qué tan bien está planteado su argumento.

    De acuerdo con Lacan, a quién conozco relativamente. Entiendo que un pensador tenga objetivos específicos y que en su argumentación defienda tales o cuales ideas o afirmaciones. Sobre su formalismos mal empleados; no estaría tan seguro de la “no ingenuidad de Lacan”, él no fue el único que tontamente no supo aplicar cuestiones formales, están Deleuze, Kristeva, Derrida, Foucault, y la lista continua hacia todo el postestructuralismo y parte de los posmodernos. Lacan fue seguidor de Lévi-Strauss pero también (esto lo escuché de unas profesoras) estaba en contra de la estadística… Cuestiones que no tiene nada que ver. De paso, el estar en contra de la estadística pesar de querer formalizar sus postulados es algo curioso, teniendo en cuenta que la Estructura es un modelo matemático, como bien el mismo Lacan señala al citar a Marc Barbut, cofundador de la sociología matemática. Por eso dije que Lacan era un confundido. Lacan no sabía nada de epistemología y sus seguidores cometen el mismo pecado.

    Creo que el asunto de fondo no es lo que un autor diga, puesto que si vamos por ahí TODO argumento tendrá algo de cierto, el asunto es saber CÓMO lo argumenta y dentro de esto entra todo un embrollo que caracteriza al pensamiento científico: Investigar y fundamentar lo que se dice, es decir, EPISTEMOLOGÍA.

    Esto que escribes: “formalizar la experiencia de lo real que el psicoanálisis develaba en una modalidad de escritura transmisible no-discursiva propia”; es lo que hacen las ciencias formales (quitando de la cita la palabra “psicoanálisis”) como la lógica en sus diversas acepciones. Por tanto, no encuentro diferencias entre lo que postulas como el “objetivo de Lacan” y el objetivo de las ciencias formales: Lacan pudo haber tenido razón en todas las cosas que dijo pero estuvo muy confundido en las formas cómo lo dijo. Es como si yo justificara la gravedad terrestre simplemente porque la Tierra “jala” a los objetos. No sé si me explico; el asunto epistemológico científico está en saber argumentar y fundamentar. Con Lacan fue mal, veremos con Brassier.

    Me hablas de fanatismo, de acuerdo en eso; personalmente prefiero hablar de fanatismo hacia aquellos que porque siguen a una figura mediática como Lacan o Zizek no tienden a cuestionar absolutamente nada de lo que dijo, esto sí es fanatismo. Lo otro, es trabajo riguroso y ética profesional. (Sobre Zizek te recomiendo la lectura de las críticas de Chomsky -un verdadero estructuralista-, Adam Krisch y Alex Callinicos)

    Si eres lacaniano (como yo alguna vez), entonces debes estar en contra de la Izquierda lacaniana como bien lo hacen Luis Horstein, Michel Sauval, ambos psicoanalistas (Sauval es lacaniano, Horstein creo que no). Leer cómo Sauval desarma los argumentos de Laclau y Alemán para demostrar como estos leyeron mal a Marx y Lacan es un deleite. Si tan buenos lacanianos somos y estamos a favor de una “teoría” (así no sepamos ni definirla) entonces te recomiendo la lectura de Sauval. Sauval no es ningún dogmático, él critica duramente la figura que se hace de Lacan y reconoce las claras limitaciones del psicoanalista francés.

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  10. Sergio, me alegra ver que coincidimos en las cuestiones fundamentales. Sin embargo, no me interesa apresurarme en descartar las ideas de estos autores que mencionas. Tiempo hay de sobra para leerlos con detenimiento y para comprender las preguntas que movilizan su pensamiento. Quizá sus dudas y sus intentos de darles respuesta arrojen luces sobre mis propias interrogantes. Guardo esa esperanza.

    Sobre los autores que me recomiendas, los conozco bien y los valoro, pues me interesa la herejía en todas sus formas. De todos modos, hay que saber cuidarnos del desengaño total, de la seducción de la verdad. Como bien dices: antes que nada tenemos que ser críticos con los propios fundamentos que utilizamos para criticar.

    Suerte.

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  11. Sergio Morales Inga dice:

    Creo que la academia en general está de acuerdo en muchas cosas, el asunto radica en el desacuerdo hacia cómo lograrlas. Unos apelan a lo cuanti, otros a lo discursivo, otros al formalismo cualitativo, otros a la filosofía posmoderna, etc. Hay de todos y para todos. Personalmente, no me agradan las “herejías”, yo prefiero llamarlas por su nombre: ignorancia, falta de rigurosidad, flojitis, facilismo, filosofía (jaja), porque así uno puede decir lo que venga en gana sin necesidad de rendir cuentas y hasta recurrir a posturas desfasadas. Una prueba de esto es la proliferación excesiva de “filósofos” en la actualidad, hoy en día cualquiera nace filósofo apelando a los argumentos más endebles de toda la academia y mezclándolos sin mucha consciencia. Mi postura no va por ahí, a menos que sea para hacerles el frente.

    Agradezco el tiempo que te tomaste en responder. Fue una interesante conversación. Saludos y felicidades por el sitio 🙂

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  12. Eduardo dice:

    Estas totalmente perdido en megaconstrucciones mentales, al igual que la mayoría de los que te hacen comentarios.

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  13. ¡Por supuesto que sí, Eduardo! El pensamiento es ese laberinto que se construye para perderse en él. De todos modos, sería terrible que me negara a recibir un poco de luz de quien al parecer la porta. ¿Podrías sugerirme algún camino por el cual andar menos perdido? Te agradezco de antemano.

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